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EL ORDOVICICO , exposicion en las escuelas del carmen de ribadesella , En 1996, el propio Gutiérrez Marco dirigió una investigación internacional en la zona, publicada por la Sociedad Española de Paleontología. La exploración, que dio frutos prometedores, llevó a Gutiérrez Marco a enamorarse de la zona, lo que propició que a partir de entonces pasara las vacaciones en Colunga. Hecho crucial para el descubrimiento del yacimiento. Y es que en el año 2000, el científico vio cómo las excavadoras comenzaban a horadar la tierra para hacer el túnel del Fabar de la Autovía del Cantábrico. Gutiérrez Marco no se lo pensó dos veces y un domingo, cuando las máquinas no trabajaban, «me colé en la obra». Lo que «vi o intuí que podía haber allí me dejó maravillado». Rápidamente se puso en contacto con el Ministerio de Fomento y las empresas que construían el túnel, FCC y Dragados. Pese a las reticencias iniciales, «y gracias al interés que mostró el ministro Álvarez-Cascos», se llegó a un acuerdo con Fomento y las empresas: «Nosotros podíamos investigar si no interferíamos en las obras». Así, además del importantísimo descubrimiento paleontológico «hemos demostrado que los ingenieros y los científicos podemos trabajar juntos sin problemas y sin interferir unos en el trabajo de los otros». El geólogo asturiano Enrique Bernárdez se hizo cargo del trabajo sobre el terreno, bajo la dirección, desde Madrid, de Gutiérrez Marco. Las miles de toneladas removidas durante cinco meses dieron finalmente su fruto. El registro fosilizado que allí había aflorado era impresionante y de gran interés científico. Restos de invertebrados como trilobites, equinodermos, braquiópodos; «microfósiles invisibles» (sólo visibles al microscopio electrónico) o centenares de marcas fósiles (de organismos desconocidos que no fosilizan, pero que dejan su huella). Nos encontrábamos ante el yacimiento con mejor control estratigráfico del Ordovícico español. Un descubrimiento de importancia a nivel mundial y que permitirá a los científicos ahondar más en el conocimiento del «de las etapas más importantes de la diversificación de la vida». En la actualidad, los científicos estudian y clasifican todo el material en la sede del Museo Geominero en Madrid, a la vez que preparan una gran exposición que se inaugurará en verano en Ribadesella. Será una experiencia «pionera» en Europa que pretende acercar al conocimiento del público «nuestros más remotos orígenes». La exposición iniciará después de su primera sede un recorrido itinerante por toda España.
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