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 El Camino Real | Museos de Asturias > Museo de Ceramica - Basilio Sobrecueva

Museo de Ceramica - Basilio Sobrecueva

La antigua ciudad de Cangas de Onís fue centro de un importante movimiento cultural desde finales del siglo XVIII hasta el primer tercio del XX, al que dieron vida personajes muy significativos, entre ellos Basilio Sobrecueva Miyar (Coraín, 1834-Corao, 1890), fundador en 1872 de la famosa fábrica de relojes de Corao. Heredero de este movimiento, el Museo de la Cerámica y los Relojes Basilio Sobrecueva, fundado en 1995 por Maximino Blanco del Dago, constituye una de las instalaciones culturales más interesantes del Oriente de Asturias, centrado en el estudio y transmisión de este movimiento, y en la recuperación, investigación y difusión de la cerámica tradicional asturiana. El Museo está embarcado en recuperar la actividad alfarera de la zona, para lo que emprende cursos de formación.


Ubicado en un caserío rehabilitado del pueblo de Muñíu, a la entrada misma del Real Sitio de Covadonga, está distribuido en tres espacios: una gran nave, cuya planta superior conforma un salón de espectacular cubierta de cerchas vistas, donde se expone la cerámica y la relojería, y la inferior se destina a la sección histórica, despacho y almacenes; la popular casa de corredor, donde se sitúan la recepción, la cafetería y la tienda de regalos, y una amplia terraza acristalada, situada entre ambos, que acoge un taller de alfarería y la colección de tinajas y cántaros españoles. Los inmejorables accesos incluyen cómodas y bien trazadas rampas para discapacitados.


El Museo ofrece actualmente las siguientes secciones: en primer lugar, una sección de Relojería, centrada en dicha Fábrica de Corao, que constituye, junto con el obrador de los Lombardero, activo en el Occidente de Asturias en el siglo XVIII, uno de los capítulos más importantes y desconocidos de la relojería en el norte de España, y de las Artes Industriales asturianas.

Formado en Madrid y en Suiza, Basilio Sobrecueva imprimió a sus relojes un característico sello personal, basado en la simplificación y pureza de líneas, tanto en sus relojes de ojo de buey, con máquinas del tipo París, ocho días de cuerda y sonería a timbre (de los que existe uno en el Palacio Real de Madrid), como en los de péndulo corto, con el mismo tipo de maquinaria y sonería a muelle. Entre los aquí expuestos destacan los realizados para sus hermanas Esperanza y Benita, en cajas de madera de nogal y caoba, respectivamente. Se exponen también varios retratos del fundador e interesantes documentos, herramientas y utensilios de trabajo de la fábrica, entre los que merece citarse una troqueladora fundida en hierro en la Fábrica de Armas de Oviedo, en 1881. A su muerte continuaron la tradición relojera sus primos Ismael y Roberto Miyar, durando su actividad hasta la guerra civil. A ellos se deben los conocidos relojes de estación, realizados por varios ferrocarriles asturianos.

La segunda sección está formada por una de las mejores colecciones de Cerámica Asturiana, popular y preindustrial, un aspecto del arte asturiano apenas conocido, y otra de Alfarería Española.

La colección está formada por unas 2.000 piezas, de las cuales unas 400 están expuestas al público de manera permanente, permitiendo profundizar en el estudio de los cuatro centros alfareros más importantes de Asturias y en algunos otros menos conocidos.
De Faro de Limanes, en las proximidades de Oviedo, se muestra un amplio conjunto en el que predominan las piezas de barro común sin cubierta, con hermosos ejemplares de cántaros de tres asas (barbones) y de un asa (penadas), cazuelas, xarres de sidra, chocolateras, queseras, pucheros diversos y botías (mantequeras). Sus depuradas formas se siguen produciendo de igual modo que hace varios siglos, pues, aparte de ser el centro alfarero más antiguo conocido de Asturias, aún hoy permanece en actividad. Mención especial requieren dos ollitas o pucheros medievales, con decoración incisa vertical realizada a peine, fechables con cierta seguridad a comienzos del siglo XIV.

Otro tipo de la produccióN de Faro es el constituido por las piezas esmaltadas con cubierta estannífera y dibujos en verde, marrón, azul claro o amarillo. Entre las piezas expuestas destacan los «picassianos», botijos en forma de gallo y gallina, y las almofías o fuentes decoradas con el tradicional tema de la páxara (híbrido de ave y vez). También merece la pena contemplar las humildes escudillas, las formas más habituales de la vajilla popular asturiana hasta finales del siglo XIX, cuyos ejemplares más antiguos con cubierta se remontan a finales del siglo XVI.

De Miranda, junto a Avilés, cuenta el Museo con una representación mucho más reducida, en la que sobresalen piezas tan rotundas de forma como las cántaras, los toneles (alguno con capacidad de 8 litros), los vedríos (grandes fuentes), los porrones o botijos, etc. Estas piezas constituyen las formas clásicas en Miranda desde el siglo XVI hasta su extinción a principios de este siglo, y que afortunadamente se conserva hoy en Llamas de Mouro, donde fueron trasplantadas a comienzos del siglo XIX por una familia oriunda de este centro.
Por tratarse, precisamente, de un alfar relativamente moderno, Llamas de Mouro (pueblo de la parroquia de San Martín de Sierra, en el concejo de Cangas del Narcea, de cuya villa dista 22 kilómetros) es el segundo de los centros alfareros mejor representados en el museo.

Entre las piezas antiguas de este alfar merecen especial atención los toneles o xarros, la feridera o botía, las cazuelas, las jarras, las graciosas queseras, los «cachos» o cuencos para beber vino, los botijos de pitorro faliforme llamados de pixulín, y como pieza excepcional, un vedrío de cuatro asas y excepcionales dimensiones (26 cm de altura por 56 de diámetro superior).
En cuanto a los talleres o «fábricas de Talavera» de Vega de Poja, en el concejo de Siero, el Museo Basilio Sobrecueva ha conseguido reunir una extraordinaria colección de la que se exponen 100 piezas, fundamentales para el conocimiento del que puede ser considerado el más interesante centro alfarero de época contemporánea en Asturias, que tuvo su origen en la fábrica fundada en Villar (lugar de la parroquia de Vega de Poja), en 1779, por el pintor e ilustrado ovetense Juan Nepomuceno Cónsul y Requejo (1747-1807).

De dicha fábrica proceden los diversos talleres establecidos en distintos lugares de la parroquia, El Rayu, La Cabaña y La Cuesta, que mantuvieron su actividad hasta 1937 y que difundieron ampliamente sus artículos de loza, con cubierta blanca de estaño y decoración azul por todo el norte peninsular. Aunque su repertorio de formas se limite a jarras, lebrillos o fuentes, botías, orinales, botijos, platos, escudillas y tazones, la variedad y riqueza de sus motivos decorativos le confieren un atractivo especial.

Por tratarse de piezas únicas y fechadas, dos en 1902 y una en 1904, resultan especialmente interesantes los tres barriles o «botijos de invierno», en los que aparece escrito el nombre de sus propietarias, Amalia Tejuca, Fausta Carbajosa y Concha Díaz, las tres vecinas de La Riera de Covadonga. También son destacables algunas piezas muy raras decoradas con un singular y rudimentario proceso de «impresión» con sellos de cuero o corcho, con los que se hacían dibujos de vírgenes, animales o flores sobre el esmalte crudo de las piezas.

Del resto de los alfares asturianos, desaparecidos en su práctica totalidad en las dos primeras décadas del siglo XX, posee el museo interesantes piezas que permiten ver la influencia ejercida por los centros principales, especialmente por Faro.

Así sucede en primer lugar con los talleres cangueses de Pandesiertos, Pozu los Llobos y Cangas de Arriba, y con el muy próximo de Soto de Dego, en Parres, cuyas producciones destacan por la fuerza expresiva de sus decoraciones vegetales, con motivos que se pierden en el pasado remoto de la comarca, y algunos otros como los de Monte Coya, en Piloña; Villayo, en Llanera; Somió, en Gijón; Ovio, en Llanes, y La Franca, en Ribadedeva, cuya producción se va poco a poco identificando y recuperando.

Por último, mencionar la colección de Alfarería Española, en la que sobresalen las tinajas y los cántaros para agua de sus principales centros, con algunas piezas muy antiguas, como la hermosísima de las Alpujarras, muy próxima a la cerámica morisca. La colección se sitúa en la rampa de acceso al Museo y en el espacio de la terraza.

La tercera sección, instalada en la planta baja del museo, se va configurando como un Museo Histórico de la bellísima comarca asturiana cuya capitalidad ostenta Cangas de Onís y que tan emblemático papel tuvo en los anales de Asturias. Está formada por fotografías de la ciudad y concejo de Cangas, de los fotógrafos Montoto, Merán y Benjamina Miyar, libros y folletos del Real Sitio de Covadonga, medallas y recuerdos de su Patrona, restos arqueológicos, dibujos de Roberto Frasinelli, etc. A destacar el romántico retrato de Antonio Miyar, librero y político liberal víctima de la represión absolutista de 1831, uno de los escasos retratos del gran marinista Antonio de Brugada (Madrid, 1804-San Sebastián, 1863), que lo realizó en el exilio de Burdeos, donde ambos coincidieron en 1827.

 


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