Pescados como el pixín (rape), la merluza del pinchu (de anzuelo), la lubina (faragaña, si pequeña, robayiza,, si más grande), el sargo (xargu en la costa oriental y chopa en la restante), el salmonete, el tiñosu (cabracho) o el golondru (bejel o rubio), el bonito veraniego, la sardina (parrocha, si pequeña; parrochina, sí de cría), el bocarte u hombrín, (anchoa o boquerón), el besugo (panchín cuando más joven) o el congrio, entre otros varios, tienen garantía de sabor en nuestra costa. Sin olvidar la angula invernal o el calamar y chipirones veraniegos, amén del pulpo de pedréu (roquedo).
De entre los mariscos pruebe el viajero el centollu llamado "del Cantábrico" para diferenciarlo del más extendido "francés" y comprobará no sólo lo que vale un peine, sino las razones, además, del sensible salto de precio entre ambas especies. No le van a la zaga nuestras andaricas (nécoras), quisquillas, percebes, santiaguinos (cigarras de mar, "torpedos" en otras regiones), cigalas, ñocla o boroñón (buey de mar), bugre, yocántaru, o lubricante (bogavante) y langosta, con mención especial para los oricios (erizos de mar, ese marisco que subestiman la mayor parte de los pueblos de España absurdamente, ya que, como decía Don Julio Camba "el erizo es un extracto de mar, un hálito de borrasca, una esencia de tempestades". Gijón y sus alrededores, son los más fieles del oriciu.