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Toda España estaba ocupada efectivamente por las huestes islámicas hacia la segunda década del siglo VIII. Y si no lo era toda, al menos no existía ya un foco de resistencia de serio riesgo para los invasores. En esta coyuntura histórica surge un hombre a quien el destino o la Providencia le asignó la misión de dar nacimiento a una resistencia que condujo a la creación de una nación y, tal vez, uno de los responsables de la distracción de fuertes contingentes y recursos musulmanes destinados a continuar su arrollador
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